El hombre que sufrió la enfermedad de leishmaniasis y ahora combate el parásito que la provoca, uno de los más mortales del planeta

Andrew Ochieng se pone el casco y balancea las piernas sobre su fiel motocicleta. Va armado con kits de pruebas médicas y décadas de experiencia. Durante años, Ochieng ha recorrido el vasto paisaje rural de la región fronteriza entre Kenia y Uganda con la misión de combatir una enfermedad terrible y potencialmente mortal.

Pocas personas han oído hablar de la leishmaniasis visceral, conocida localmente como Kala-azar, ni de la devastación que puede causar.

Pero Ochieng lo sabe muy bien: él mismo la padeció y sobrevivió. «Me sentía fatal», dice Ochieng, recordando su propia experiencia con la enfermedad. La fiebre le duró semanas. Como si lo hubiera atropellado un camión de 18 ruedas, añade. Tenía unos 12 años por aquel entonces.

Los padres y vecinos de Ochieng no tenían ni idea de qué le pasaba. Lo llevaron a un curandero tradicional para que lo tratara. Este le cortó el estómago con una cuchilla de afeitar y luego lo untó con estiércol de camello y vaca quemado en una hoguera. También le dieron hierbas amargas. Finalmente, recibió atención médica. Pero aún recuerda el dolor.

El personal del hospital le aplicó a Ochieng 60 inyecciones a lo largo de casi dos meses. Hasta el día de hoy, Ochieng lleva cicatrices del ritual tradicional de curación en su torso.

Para evitar que otras personas pasen por la misma experiencia, Ochieng trabaja ahora como movilizador comunitario para la Iniciativa de Medicamentos para Enfermedades Olvidadas (DNDi, por sus siglas en inglés), una organización sin fines de lucro.

Casos en el mundo

Más de 600 millones de personas en todo el mundo corren el riesgo de contraer leishmaniasis visceral, y la gran mayoría (73% en 2022) de los casos se concentra en África Oriental.

La enfermedad sigue siendo poco estudiada y relativamente desconocida fuera de las comunidades empobrecidas que la afectan. Es una enfermedad parasitaria que, de hecho, mata a más personas que cualquier otra, a excepción de la malaria.

Andrew Ochieng examina a un grupo de personas en su clínica improvisada de leishmaniasis visceral, a la sombra de un árbol en Akorikeya.

Fuente de la imagen,Kang-Chun ChengPie de foto,Andrew Ochieng examina a un grupo de personas en su clínica improvisada de leishmaniasis visceral, a la sombra de un árbol en Akorikeya.

Se estima que cada año se producen entre 50.000 y 90.000 casos de leishmaniasis visceral en todo el mundo, pero solo se notifican entre el 25% y el 45%.

La enfermedad, que se transmite por la picadura de flebótomos (o mosca de la arena), causa fiebre, pérdida de peso, inflamación del hígado y el bazo, y puede progresar a psicosis e incluso la muerte. El nombre «visceral» se refiere a sus efectos en órganos internos como el hígado.

La leishmaniasis visceral tiene una tasa de mortalidad del 95% si no se trata. Además, es una enfermedad que afecta especialmente a los niños. La mitad de los casos en 2022 se dieron en menores de 15 años, según la Organización Mundial de la Salud.

Cabe destacar que los tratamientos actuales para la leishmaniasis visceral son dolorosos y tóxicos, similares a la quimioterapia para pacientes con cáncer.

Los pacientes generalmente reciben inyecciones dos veces al día durante al menos 17 días en un entorno hospitalario. Esto supone un total de 34 inyecciones.

Los científicos buscan soluciones menos drásticas y formas de informar a las comunidades sobre la enfermedad, con la esperanza de reducir el número de personas infectadas.

fuente : bbc

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