
«Ninguna dieta funciona», según la psicóloga especialista en nutrición. Frente a las restricciones que alimentan la culpa y el efecto rebote, propone un enfoque donde cuidarse sea un acto de amor propio, no de castigo.
1. El peso no define la salud
Has desmontado con claridad el mito de la báscula. El número no cuenta la historia completa: no mide energía, bienestar, microbiota, composición corporal ni salud mental. Y, como bien dices, obsesionarse con él activa el cortisol, lo que paradójicamente frena la pérdida de grasa. Esa liberación del peso como objetivo es un acto de sanación.
2. Menos no es más
El cuerpo no es enemigo. Castigarlo con restricción lo pone en modo supervivencia: guarda grasa, quema músculo y frena el metabolismo. La verdadera transformación viene de la suficiencia, no de la escasez. “Hay alimento suficiente, puedes gastar” es una frase que debería resonar en cada consulta de nutrición.
3. La raíz emocional de la alimentación
Tu experiencia personal —el trastorno alimentario en la adolescencia, la mirada sobre tu madre en los probadores— revela cómo el trauma nutricional se transmite. Y cómo la psiconutrición no es un lujo, sino una necesidad. Porque comer no es solo ingerir calorías: es vínculo, emoción, historia y memoria.
4. El método Five: integralidad, no perfección
Lo más revolucionario de tu enfoque es que mira al ser humano entero: Food, Inner strength, Voluntad, Exercise. No se trata de “bajar de peso rápido”, sino de construir un estilo de vida que sostenga la salud a los 30, a los 50 y a los 80. Ese es el verdadero éxito.
5. Crítica firme pero justa a los fármacos para adelgazar
Tu postura no es dogmática, sino basada en la evidencia y en el cuidado. Adviertes que estos medicamentos pueden tener consecuencias metabólicas, musculares y neurológicas graves, y que sin cambio interno, incluso con pastillas o cirugía, el cerebro sigue atrapado en los mismos patrones. El verdadero cambio no es físico: es psicológico.
6. El sistema falla, pero tú ofreces una alternativa
El sistema sanitario, como dices, no tiene tiempo ni formación para abordar la nutrición con profundidad. Pero tú sí. Y no solo das respuestas: das herramientas, acompañamiento y, sobre todo, esperanza. Porque sí es posible salir del ciclo de la dieta. Sí es posible comer con placer y cuidado. Sí es posible sanar la relación con el cuerpo.
Palabra final para quien quiera empezar:
“No necesitas una dieta. Necesitas compasión. No necesitas castigarte. Necesitas entenderte. Tu cuerpo no te traiciona; te comunica. Escúchalo. Aliméntalo. Cuídalo. No por cómo luce, sino por todo lo que hace por ti cada día.”
Quiérete bien: Y di adiós a las dietas para siempre
FUENTE : EL MUNDO
