
Saltarse el desayuno o practicar ayuno intermitente no afecta el rendimiento mental de la mayoría de adultos sanos, al menos a corto plazo. Así lo concluye un artículo difundido por la Asociación Estadounidense de Psicología en la revista Psychological Bulletin.
El equipo de investigadores realizó un metaanálisis de 71 estudios que compararon la función cognitiva de adultos que habían comido recientemente frente a otros que estaban en ayunas. En total, participaron 3.484 personas. Las pruebas midieron memoria, toma de decisiones, velocidad de respuesta y precisión. En la mayoría de los casos, el tiempo de ayuno fue de alrededor de 12 horas.
“No encontramos evidencia consistente de que el ayuno a corto plazo afecte el rendimiento mental”, señaló David Moreau, profesor de Psicología de la Universidad de Auckland (EE.UU.) y autor principal del estudio.
Según Moreau, quienes ayunaron obtuvieron resultados muy similares a los de quienes habían desayunado, lo que indica que la capacidad cognitiva se mantiene estable aunque no se ingiera comida.
Resultados que sorprenden
Aunque el análisis no halló efectos significativos en general, sí detectó algunos matices:
- Reducciones leves en el rendimiento cuando el ayuno superaba las 12 horas.
- Los niños (pocos dentro de la muestra) mostraron mayores dificultades en comparación con los adultos.
“Estos resultados contradicen la creencia común de que no comer afecta inmediatamente la claridad mental”, afirmó el investigador.
“En una amplia variedad de tareas, el rendimiento cognitivo se mantuvo estable”.
Moreau añade que el mensaje principal del estudio es tranquilizador: ayunar por algunas horas no disminuye la agudeza mental ni afecta la productividad diaria en adultos sanos.
Desde un punto de vista fisiológico, el ayuno activa procesos metabólicos relevantes: cuando se agota el glucógeno, el cuerpo pasa a usar cetonas, producidas a partir de grasa corporal, como fuente alternativa de energía. Estudios recientes sugieren que este cambio podría ofrecer beneficios para la salud, influir en hormonas y activar procesos de reparación celular vinculados con la longevidad.
Los autores concluyen que estos hallazgos respaldan el ayuno intermitente como una práctica viable en adultos, pero señalan que no debe aplicarse de la misma manera en niños o en personas con condiciones médicas específicas.
FUENTE : ALTA VOZ
