A partir de hoy Rusia comenzó a aplicar una serie de restricciones sanitarias, como el cierre de escuelas, restaurantes y la imposición de una semana no laboral a la mayoría de las empresas y al sector público, para combatir la propagación del COVID-19, que se acelera en el país europeo.
Según cifras oficiales emitidas por el gobierno, 1.159 personas murieron y 40.096 contrajeron la enfermedad en las últimas 24 horas.
Establecimientos como restaurantes, salones de belleza, tiendas de ropa o muebles, gimnasios, escuelas de danza y otros servicios considerados no esenciales permanecerán cerrados hasta el 7 de noviembre.
Sin embargo, el gobierno ruso no tiene pensado por el momento imponer un confinamiento o toque de queda, por temor a afectar a su economía.
